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Gamificar para no Procrastinar PDF Print
Written by ignaciolirio   
Saturday, 06 September 2014 21:02
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Salir a hacer ejercicio diariamente. Iniciar y mantener una dieta. Dejar de fumar. Aprender un nuevo idioma. Sacarse el permiso de conducción. Escribir una tesis. Todas ellas son tareas que se prestan mucho a ser procrastinadas, puesto que requieren una dosis extra y sobre todo constante de motivación para ponerse manos a la obra con ellas.

¿Qué se puede hacer para dejar el círculo vicioso de postergaciones propio de la procrastinación y recuperar el pulso de nuestros proyectos?

Una opción es implementar la llamada gamificación. Este término, recientemente popularizado en el entorno de la productividad, proviene de la palabra game –juego, en inglés–, y hace referencia a la técnica de adaptación de un proceso productivo o de aprendizaje según las reglas de los juegos (de mesa, videojuegos…). En español se traduciría como ludificación. De este modo, tareas que hasta entonces se hacían muy pesadas de realizar, toman a la apariencia de un divertido juego y consigue motivar al trabajador o al estudiante (que pasa a ser el jugador) lo suficiente para que consiga el nivel de productividad óptimo en dicha tarea.

Como sucede habitualmente, lo nuevo no es tanto el concepto si no el término anglosajón. Una forma elemental de gamificación podría ser la clásica escena del papá intentando que su hijo pequeño se coma la papilla jugando con la cuchara como si ésta fuera un avión. Transformar una tarea rutinaria en un juego es una táctica que puede tomarse en serio para conseguir objetivos más allá de la torna de un bebé obstinado en no comer.

Gamification techniques 7.jpg
"Gamification techniques 7" by Waag Society - https://www.flickr.com/photos/waagsociety/8244796996/. Licensed under CC BY 2.0 via Wikimedia Commons.

El primer paso para gamificar un proceso productivo es identificar en qué partes de ese proceso se pueden implementar los elementos básicos de un juego, es decir: un objetivo, unas reglas, unos jugadores y un sistema de premios o recompensas. Además, hay que tener en cuenta un factor clave para que el juego motive: ha de ser divertido. Nicole Lazzaro, la presidenta de la empresa de diseño y consultoría XEODesign identifica cuatro ’tipos de diversión’ según la naturaleza de cada juego y las emociones que despierta en los jugadores:

  • Diversión Difícil: es aquella basada en la bravura, que requiere superar obstáculos más difíciles, y por lo tanto mayor habilidad a cambio de una gratificación muy poderosa. Es la que encontramos cuando pretendemos aprender a montar en patinete o sostenernos en una tabla de surf. Se presta bastante a la frustración pero es la que construye a los maestros.
  • Diversión Fácil: es la basada en la imaginación, y que está animada por las emociones de la curiosidad y la sorpresa. Los juegos con este tipo de diversión requieren de creatividad y deseos de explorar.
  • Diversión social: este tipo de diversión se basan más en el mero entretenimiento mediante la comparación, cooperación y comunicación con otros jugadores. Promueven la competitividad pero su objetivo es la divertirse reforzando las relaciones sociales.
  • Diversión seria: aquí la diversión está más basada en la recompensa a obtener, en un premio que consiga emocionar y excitar al jugador, y requieren de juegos con ritmo, repeticiones sencillas y un ambiente distendido. Es el caso de los juegos de azar de los casinos, por ejemplo.

Infografía sobre los 4 tipos de diversión al jugar. Fuente: Blog nicolelazzaro.com

Siguiendo estas directrices, es posible que tú mismo diseñes el juego que te permita gamificar esa tarea que tanta flojera te da afrontar, o que por el contrario adquieras un juego ya creado que gamifique rutinas comunes. Éste sería el caso de algunas aplicaciones para móviles que ayudan a motivarnos a hacer ejercicio. A parte de las clásicas que únicamente monitorizan nuestra actividad o incluso nos aportan recordatorios, existen “apps” que hacen que además la actividad sea divertida. Un ejemplo sería la aplicación Zombies, Run! que convierte nuestros entrenamientos de correr por la calle en una aventura donde somos acosados por zombies que debemos evitar.

La mayoría de las obligaciones y tareas que tenemos que desempeñar no son divertidas, pero no tenemos porqué conformarnos con ello y procrastinarlas o quejarnos de ellas: ¡gamifiquémoslas!

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Last Updated on Saturday, 06 September 2014 21:15
 
"¡Me da vergüenza retomar ese proyecto!" PDF Print
Written by Ignacio Lirio   
Wednesday, 07 May 2014 11:45
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En un artículo de hace tres años, comentábamos que mientras más se aplaza la ejecución de una tarea, crece la probabilidad de que la aplacemos más todavía y se acelera ese punto en que pasa a estar directamente abandonada.

Pero ¿por qué se produce este efecto de refuerzo positivo?

Es posible que se deba a una especie de sentimiento de culpa. Al postergar excesivamente una tarea o un proyecto, éste va adquiriendo unos tintes vergonzantes que deseamos evitar a toda costa. Recordemos que el procrastinador sabe a la perfección qué cosas está postergando, y la importancia que tienen, pero se autoengaña y simplemente no quiere ver lo que está provocando. Esto no quiere decir que sienta un bochorno y preocupación internas por ese conocimiento.

Así, la tarea o proyecto abandonados, a pesar de ser ‘objetos inertes’ se convierten en una suerte de Voz de la Conciencia, y evitamos acercarnos a ellos para evitar la desagradable sensación de percibir como ésta nos mira con gesto acusador “¡Me has abandonado, y te vas a arruinar por ello!”. De nuevo, ahí aparece la procrastinación como conducta de evitación, e inmediatamente acuden al rescate los anticuerpos del autoengaño para sacarse de la chistera alguna idea extravagante para explicar nuestra absurda actitud.

Este tipo de bloqueos mentales solo son posibles de superar si existen una fuerza o energía mayores que puedan vencer dicho bloqueo. Estas fuerzas pueden surgir de la motivación extraordinaria, de una ayuda externa, de un arranque de rabia, o incluso de una situación accidental. Se trata sin duda de situaciones y medidas excepcionales pero si consiguen superar esa barrera invisible limitante que supone la procrastinación y retomar esa tarea, la recompensa de comprobar que no era para tanto y que merecía la pena puede reforzar un circuito de recompensa en nuestra mente que, si se mantiene y se repite, puede, a la larga, sanar nuestro nocivo hábito de procrastinar.

Last Updated on Wednesday, 07 May 2014 11:51
 
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